miércoles, 6 de abril de 2011

EL RAPTO DE LAS SABINAS (I)


En los tiempos legendarios de la Roma antigua, poco después de su fundación, su primer rey Rómulo y sus seguidores, siendo casi todos hombres, intentaron convencer a sus vecinos de Sabinia para que les cedieran mujeres con las que poder formar familias. Temerosos de que una ciudad rival y poderosa emergiera de Roma, los sabinos rechazaron la proposición y prohibieron a sus mujeres casarse con romanos.

Rómulo entonces organizó un festival de juegos olímpicos en honor al dios Neptuno, invitando a varios pueblos vecinos, entre los que se incluían los sabinos. Comenzó el festival con normalidad hasta que Rómulo hizo una señal y cada romano agarró a una mujer sabina y expulsaron por la fuerza a los desprevenidos hombres sabinos.

Según la narración del historiador romano Livio, Rómulo imploró a las mujeres que aceptaran ser sus esposas, culpó a sus padres sabinos por no permitirlas casarse con ellos, y aseguró que como esposas de romanos vivirían en honorable matrimonio, compartiendo propiedad y derechos civiles, y lo más importante, serían madres de hombres libres.

Los sabinos indignados declararon la guerra a los romanos, liderados por su rey Tito Tacio, y emprendieron el asedio de Roma. Tarpeya, hija del gobernador de la ciudadela, abrió las puertas a los sabinos a cambio de "aquello que llevasen en los brazos", creyendo que recibiría brazaletes de oro, pero los sabinos la recompensaron aplastándola hasta la muerte con sus escudos y arrojándola por la roca que sería bautizada con su nombre, la Roca Tarpeya, y que pasaría a ser el lugar de ejecución de asesinos y traidores en Roma.

Las fuerzas romanas contraatacaron a los sabinos, ya en posesión de la ciudadela, y mientras la batalla se recrudecía, primero los sabinos rompieron las líneas romanas, y después los romanos a la desesperada retomaron la iniciativa, las mujeres sabinas salieron a interponerse entre los guerreros, deteniendo la batalla, y proclamaron que preferían morir antes que quedar huérfanas o viudas, antes que perder a sus padres y hermanos los sabinos o sus maridos e hijos los romanos.

Haciéndoles entrar en razón, romanos y sabinos depusieron las armas, celebraron una banquete para festejar la reconciliación y aceptaron formar juntos una sola nación, y Rómulo y Tito Tacio reinaron conjuntamente hasta la muerte del rey sabino cinco años después. Los nuevos sabinos residentes en Roma es establecieron en la colina Capitolina.

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